El precio a pagar

Todas las personas soñamos con viajar alrededor del mundo, conocer distintos lugares como la Torre Eifeld, El Machupichu, las Pirámides Aztecas, El Caribe y un sinfín de atractivos turísticos que hemos visto por redes sociales, tv o en alguna edición de National Geographic; nos llenamos de emociones al imaginarnos allí, en eso lugares.

Pero, llega un momento en el que te consigues con un muro de concreto de manera frontal, es entonces cuando empiezas a sacar cuentas de los costos y ver que tus números van en ascenso, comienza una baja de alegría como si estuvieses en una montaña rusa. Ese pensamiento pasa a sólo ser eso: un sueño.

Puedes salir de tu zona de confort y agarrar un poco de cosas “necesarias” e irte de mochilero a tus destinos, dormir en una carpa al aire libre, en un terminal de buses o quizás en una estación de bomberos. Hay gente que tiene este estilo de vida y han conocidos infinidades de países de esta forma. Quizás habrán momentos de dificultades pero las ganas de viajar son mayores que las de estar en una oficina encerrados por una jornada de 8 – 10 horas diarias, 5–6 días a la semana (dependiendo del trabajo que tengas), aguantando un jefe/a que no toleras.

Tabare Alonso en su paso por Venezuela

En los últimos años he conocido un nuevo estilo de viajeros. Una idea que al comentárselo a alguien te dice “loco o loca”, que es imposible viajar de esa manera, que tu cuerpo no soportará tal magnitud de viaje, etc. Esos son los cicloviajeros. Una forma muy ecológica, económica y amigable con el ambiente para conocer al mundo y sobre todo para disfrutar del camino -sí como lo lees- disfrutar el camino, porque al viajar en bus no tienes la oportunidad de decirle al chofer que se detenga para hacer una foto de ese sitio que te hace brillar los ojos o poder pernotar en aquellos lugares maravillosos bajo una luna que aclara toda la noche.

Julieta y Axel saliendo de Barinas – Venezuela

Conocí al primer cicloviajero, Tabaré Alonso (no en persona, fue a través de Instagram @TabareAlonso) a mediados de 2017, estuvo de paso por Venezuela en América. Tabaré,  uruguayo, decidió recorrer desde Argentina hasta Panamá y al llegar a su destino final decidió alargar la meta hasta Alaska. Luego por casualidad -también en Instagram- conocí a Julieta y Axel (@LaEstrategiadelCaracol) después de unos mensajes me solicitaron estadía y cómo decirles que no a estas personas que decidieron salir de la rutina para conocer y disfrutar de nuestro hermoso continente. No tuve mucho tiempo para compartir con ellos por obligaciones laborales, pero lo poco que conocí me basta para decir que son una pareja muy gentil. Otro cicloviajero con el que coincidí personalmente es Winston, de Barquisimeto estado Lara – Venezuela, él me contactó por medio de warmshowers.org (sitio para conseguir alojamiento para cicloviajeros).

Wiston en su despedida de Barinas – Venezuela

Todos los cicloviajeros toman la gran decisión de dejar los apegos materiales, para empacar sus próximos días en lo que cabe dentro de sus alforjas, la difícil decisión de dejar a su familiares por un tiempo no definido y pagar el costo por ser libres.

 

Correcciones y edición: Raiza Rodríguez (@rraibencomo)

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